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NO ES NUESTRA VIOLENCIA, PERO SUFRIMOS LAS CONSECUENCIAS.

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NO ES NUESTRA VIOLENCIA, PERO SUFRIMOS LAS CONSECUENCIAS.

Por: Dra. Frances Roulet

Doctora en Psicología Clínica

Maestra de UTESA

vozdelasaludmentaldehoy@gmail.com

Las Naciones Unidas para el 1993 adoptó por Asamblea la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer reconociendo y entendiendo que es una de las violaciones más impactante a los DERECHOS HUMANOS. La violencia contra la mujer se encuentra representada y ejecutada por un conjunto de conductas patológicamente psicológicas, que son las más indignantes y vergonzosas no solo a los derechos humanos sino a la humanidad en sí. Y ésta traspasa las barreras culturales, estatus sociales, y la geografía mundial. En este mes se le hace reconocimiento internacional al Día de la No Violencia Contra la Mujer, pero en verdad no podemos celebrar algo que no hemos podido realmente palpar su cruda realidad y entender las consecuencias psicológicas y sociales de ésta problemática. Comenzamos a educar y a conceptualizar este concepto de “no violencia contra la mujer”, pero no hemos podido aterrizar para ejecutar las penalidades que conlleva esta conducta dentro de la sociedad. Y es obvio que las campañas dedicadas a la conducta patológica de la violencia contra la mujer no han sido efectivas, pues, las estadísticas aumentan a diario. Los actos conductuales de violencia contra la mujer, se manifiestan a través de las conductas violentas de los actos de amenazas contra la vida de la mujer, los daños ocasionados por violencia físico, sexual y psicológico, la privación arbitraria de la libertad, embarazos forzados, trata de mujeres y niñas, la prostitución forzada, violaciones sistemáticas, mutilaciones genitales femeninas, la falta de la libertad financiera arbitraria, desigualdad salarial por ser del género femenino, desigualdad educativa, desigualdad por edad, entre otras discriminaciones más.

No podemos conceptualizar un progreso para una nación si en esta misma sociedad existen las discriminaciones, desigualdades e inseguridades sociales hacia la mujer. No es suficiente el promocionar la no violencia contra la mujer sino no podemos protegerla y mantener nuestras propias leyes y procedimientos legales. No basta con charlas esporádicas cuando se acerca este mes de celebración contra la no violencia hacia la mujer. Necesitamos que se desarrollen programas total y políticamente realistas y tangibles en donde las escuelas, colegio, institutos, colleges, universidades, las juntas de vecinos, los centros de salud, los hospitales y clínicas, las diversas dependencia gubernamentales, la milicia, la Policía Nacional y sus dependencias lleven a cabo varias campañas no de erradicación sino de educación sensibilizada psicológica para iniciar un proceso de minimización de los actos violentos hacia las mujeres, y por ende, al resto de los seres humanos. Necesitamos iniciar una conceptualizar que no solo es la mujer la víctima, sino que al afectarse la mujer se afecta directamente la familia, y por ende, la sociedad; que estas conductas patológicas de violencia son un círculo vicioso al que se necesita romper de forma tajante y de inmediato. De la misma forma que hablamos y concientizamos a los ciudadanos sobre los trastornos de la adicción de la misma forma necesitamos focalizar la educación de la no violencia contra la mujer. Así como se hace la propaganda de una novela o una película así se necesita promulgar la no violencia contra la mujer; así como mal utilizamos las propagandas políticas, así necesitamos promulgar la no violencia contra la mujer. Es necesario utilizar nuestros recursos y recursos humanos (psicólogos & psiquiatras) para sensibilizar y atender a las víctimas directas e indirectas de estos actos violentos. Pero necesitamos también entender que las leyes y procedimientos legales no han de ahogarse en su propio caldo cuando un caso sea denunciado, pues necesitamos estas leyes y procedimientos para asegurarle a la mujer como víctima su integridad y seguridad física, financiera y emocional. Pues, los victimarios necesitan reprogramarse y entender que existen consecuencias directas legales de estas conductas violentas dentro de esta sociedad. Y esto, no es solo en la capital o distrito nacional sino que el resto del país, en donde las estadísticas están más elevadas, y estas víctimas puedan recibir los servicios necesarios y con la misma seriedad que tienen los demás crímenes.

El silencio, el ignorar y el miedo son los síntomas o las conductas violentas más comunes que conllevan a indicar que las campañas actuales no han sido realmente efectivas, y esto, se corrobora a través de las estadísticas. No podemos seguir abriendo y leyendo el periódico, informándonos de que una mujer fue agredida o fue asesinada por su esposo y decir “que pena”, o “malo es o era ese hombre con ella” ya no podemos continuar así. Necesitamos tomar responsabilidades como grupo social, como seres humanos que somos. Hoy era esa mujer, mañana puede ser TU HIJA o MADRE o HERMANA abatida por la violencia contra la mujer.

La violencia contra la mujer constituye un grave problema para la mujer y la sociedad en que vivimos… se hace difícil el poder decir y compartir este Mes como el mes en que reconocemos la NO VIOLENCIA CONTRA LA MUJER. Esta conducta patológica es un flagelo de la sociedad, y como tal, se debe combatir. Esta situación es una problemática no solo para ser política, sino para educar y desarrollo, pero sobretodo para HUMANIZAR. Comencemos a ser políticos de esta política de la NO VIOLENCIA CONTRA LA MUJER para convertirnos en estadísticas del desarrollo, la paz, la armonía, la igualdad; y así, poder pensar en las próximas generaciones y no en las próximas desgracias que han de ocurrir. Sigmund Freud expresó, una realidad que a pesar de todos los años que ya tiene de muerto aún continuamos viviendo en ello, “nuestros complejos son las fuentes de nuestra debilidad, pero con frecuencia, son también las fuentes de nuestra fuerza.” Significa que si perseveramos, aún en circunstancias de escasa educación podremos educar y podremos hacerles ver que aún sintiéndose desprotegidos y débiles se puede transformar en personas sanas y fuertes. Eduquemos y ejecutemos para puedan educar y ejecutar las nuevas generaciones, pero aún mejor para que todas las generaciones actuales y las que han de venir puedan vivir en paz, armonía y sobretodo sin violencia hacia la mujer.


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